Una visita inesperada
Le ordené que se arrodillara ante mí. Al principio se negó, pero enseguida comprendió por mi voz cortante que lo lamentaría amargamente
Le ordené que se arrodillara ante mí. Al principio se negó, pero enseguida comprendió por mi voz cortante que lo lamentaría amargamente
Sentí como si fueran a seguir muchos más golpes, pero de repente se hizo el silencio. Me invadió el silencio y una voz en mi interior dijo: "¡Suéltame!".
En algún momento giró el culo hacia un lado y dejé de pegarle. Se volvió y me suplicó: "¡Abrázame fuerte y sigue pegándome!".
Betty siente ahora las desviaciones de la marca superior (10) con la vara, multiplicadas por 10, inmediatamente en su trasero desnudo doblado.
Hundí mi lengua profundamente en su coño maravillosamente perfumado. Loca de lujuria, se inclinó hacia delante y me metió completamente en su boca.